Tú solo estás sentada, respiras profundo, tomas todo el tiempo que requiere asimilar la información y en esa misma silla, te transportan al pasado. Ahí es cuando esa sensación de remesón nervioso tan familiar te asalta, como en antaño, donde cada vez que se aproximaba, dejabas que se apoderara de ti y, con todas sus letras, sádica, preparabas tu cuerpo para el electroshock. Palabras que parecen volar hasta tu oído derecho y que atraviesan a la velocidad de la luz hacia la puerta de escape que es la oreja izquierda, palabras ya vacías de tanto escucharlas, que carecen de sentido e inflexión… Pero palabras al fin y al cabo, un conjunto de fonemas que unidos ayer u hoy, te afectan de la misma manera. Claro, a quién no le aprieta el zapato en alguna parte.
Deja vú.
Sucede que ayer la casa de mi corazón se inundó tanto que casi se ahoga y cuando un corazón se encuentra en problemas, el cuerpo entero carece de vida. Sé lo que se siente el estar encerrada dentro de tu propio cuerpo, no tener idea qué hacer con él porque todo te sobrepasa… Y es fuerte que esta evocación signifique tanto, que al final signifique todo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario