Si hay algo que es molesto es ser llorón.
Usualmente, cuando comienzo una conversación seria, que sé que abarcará mis sentimientos en alguna medida, me planteo en todos los escenarios posibles, trato de reaccionar de la mejor manera y no parecer cabra chica, mas mi personalidad siempre me juega una mala pasada… Y no es algo que me esté cabreando hace poco, es algo que llevo conmigo desde siempre como un estúpido padecimiento crónico. Sufro de Lágrima Endógena.
“Sé que me he vuelto a perder, que he vuelto a desenterrar todo aquello que pasé…”
No creo que sea la única que le pasa esto, pero eso no lo hace menos frustrante (el que se sienta tocado puede constatar lo que digo). Es como si una fuerza que va más allá del subconsciente me impidiera hablar de mí misma sin inspirar lástima. Quiero expresar mi rabia, impotencia, quiero poder enojarme de repente… Y mi cuerpo solo se puede explicar llorando. Odio que me tiemble el mentón al hablar. Detesto llorar, no obstante lo hago todo el tiempo y es desmoralizante pensar que es porque en mí simplemente no está la capacidad de decir las cosas. Desearía que fuera fácil o que por lo menos, tuviera una explicación lógica/ilógica, me da igual.
“Y no sé ni cómo explicar que solo puedo llorar…”
Mamá dice duramente: Pero cálmate, si no es para tanto. Papá suspira: Tienes que ser fuerte. Tú dices: No vale la pena llorar por esto. Yo digo: ES para tanto, SOY fuerte y VALE la pena. Hasta ahora siempre me acomplejaba porque pensaba que llorar implicaba cierto grado de cobardía, pero ya es una cosa de pseudo-incompetencia. No encuentro las palabras exactas para poder describir lo que me pasa cada vez que hablo de mí/mis sentimientos. Lo que está claro, eso sí, es que ya no puedo seguir jugando el papel de la racional y equilibrada porque no lo soy, no en un sentido fatalista, si no que desde lo más profundo ser sé que cada fibra, cada célula de mi cuerpo está completamente LOCA.
“…que necesito la paz que se esconde en tus ojos…”
Es complicado aprender a vivir con algo así y no avergonzarse cada vez que te toca hablar por temor a que tu cuerpo te traicione, pero sin duda hay cosas peores. No es algo que se vaya a quitar y si hay alguien que sepa la cura a esta sensibilidad que a veces raya en lo cursi, NO ME LA DIGA…
Porque si hay otra cosa molesta es no aceptarse a sí mismo.
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