-Mírame.
¡Maldita sea! ¿Cuándo será el día en que tu voz deje de causar estragos en mi espina dorsal? Agh, no sé, la verdad, de qué estoy hablando, si finalmente, cada vez que mi estómago zigzaguea hasta mis zapatos, no puedo concebir cosa más hermosa. Siento cómo la piel de tus dedos traza círculos en mi mejilla, me estremezco. Detesto ponerme cursi, detesto no poder mirar esos ojos que me matan sin que mi rostro pase por todas las tonalidades del arco iris… ¡Odio que esto sea más fuerte que yo!
Pero a ti, a ti te amo.
- Fran, -dices y mis ojos se dilatan, los latidos de mi corazón me dejan patéticamente al descubierto- mírame a los ojos.
Por momentos, creo que se me olvida respirar. Poso una de mis manos en mi mejilla derecha -encima de la tuya-, seguro debo estar rojísima ¡Si hasta parece que tengo el corazón en la garganta! Ay, ay, ay.
- Voy a echar raíces aquí si sigo esperando.
Entonces, alzo la vista tan rápidamente que juro que casi me saco la cabeza y cuando mis ojos se encuentran con los tuyos, pareciera que tengo el mundo sobre mis hombros. Esa manera tuya de mirarme, como su estuvieras loco, me trastorna, me mata, me hace temblar de pies a cabeza… Porque no solo veo ese precioso color castaño que hay en ellos, si no a la persona que amo por completo. Es cosa de locos pensar que yo haya podido enseñarte algo, de veras. Mi gruñón emocional e idealista, quiero con tantas fuerzas poder contener el impacto de tu mirada, pero no soy el dios Atlas.
- No puedo –concluyo luego de una eternidad para mí y apenas una fracción de segundo para el mundo real y menos paranoico.- ¡No me mires así!
Y vuelvo a evitar tus ojos, frunciendo como es característico en mí, los labios. Intuyo que estás riendo y, efectivamente, tu risa nuevamente activa mi sistema nervioso. Te lo estás pasando en grande ¿verdad? Si yo fuera normal, no, corrijo, si tú no me gustaras tanto, te aseguro que no te saldrías tan fácil con la tuya. Suspiro e intento parecerme al máximo a esa Francisca que no deja que nadie le gane.
- No me parece gracioso.-digo, tajante, poniendo adrede más fuerza en mi mirada y luchando porque los nervios no hagan escapar mis ojos de los tuyos. Tú tomas mi rostro con ambas manos y sonríes- ¿Qué?
Definitivamente, la manera en que me miras debiera ser penalizada por la ley, no es sano ¡y podrías llegar a causar un accidente! Pero aunque me muera de los nervios, ya no puedo evitar hundirme en el color chocolate de ellos. Mataría por saber qué estás pensando en estos minutos, hasta haría con una sonrisa millones de ejercicios de matemáticas. ¿Qué buscas en mis ojos o qué has encontrado en ellos que nos es imposible dejar de mirarnos? Lo único que sé por ahora es que soy tan afortunada de tenerte a mi lado, me parece una ridiculez no poder mirarte a los ojos y huir de lo que veo en ellos solo por estúpidas trabas del pasado. Siento que veo tu alma en ellos y es tan bella que… Me da miedo. ¿Seré la única que lo ha descubierto? No encuentro otra explicación, porque de otro modo, no te habrían dejado ir. Yo no quiero dejarte ir.
Contengo el aliento y abro levemente la boca, como para decirte lo que en este rato asalta la mente de Pinky, pero, como siempre, me arrepiento. De hecho vuelvo a evitar tus ojos, avergonzada de mis propios pensamientos y para sorpresa mía, hablas como si me hubieras leído el pensamiento.
- Tonta.
¡Maldita sea! ¿Cuándo será el día en que tu voz deje de causar estragos en mi espina dorsal? Agh, no sé, la verdad, de qué estoy hablando, si finalmente, cada vez que mi estómago zigzaguea hasta mis zapatos, no puedo concebir cosa más hermosa. Siento cómo la piel de tus dedos traza círculos en mi mejilla, me estremezco. Detesto ponerme cursi, detesto no poder mirar esos ojos que me matan sin que mi rostro pase por todas las tonalidades del arco iris… ¡Odio que esto sea más fuerte que yo!
Pero a ti, a ti te amo.
- Fran, -dices y mis ojos se dilatan, los latidos de mi corazón me dejan patéticamente al descubierto- mírame a los ojos.
Por momentos, creo que se me olvida respirar. Poso una de mis manos en mi mejilla derecha -encima de la tuya-, seguro debo estar rojísima ¡Si hasta parece que tengo el corazón en la garganta! Ay, ay, ay.
- Voy a echar raíces aquí si sigo esperando.
Entonces, alzo la vista tan rápidamente que juro que casi me saco la cabeza y cuando mis ojos se encuentran con los tuyos, pareciera que tengo el mundo sobre mis hombros. Esa manera tuya de mirarme, como su estuvieras loco, me trastorna, me mata, me hace temblar de pies a cabeza… Porque no solo veo ese precioso color castaño que hay en ellos, si no a la persona que amo por completo. Es cosa de locos pensar que yo haya podido enseñarte algo, de veras. Mi gruñón emocional e idealista, quiero con tantas fuerzas poder contener el impacto de tu mirada, pero no soy el dios Atlas.
- No puedo –concluyo luego de una eternidad para mí y apenas una fracción de segundo para el mundo real y menos paranoico.- ¡No me mires así!
Y vuelvo a evitar tus ojos, frunciendo como es característico en mí, los labios. Intuyo que estás riendo y, efectivamente, tu risa nuevamente activa mi sistema nervioso. Te lo estás pasando en grande ¿verdad? Si yo fuera normal, no, corrijo, si tú no me gustaras tanto, te aseguro que no te saldrías tan fácil con la tuya. Suspiro e intento parecerme al máximo a esa Francisca que no deja que nadie le gane.
- No me parece gracioso.-digo, tajante, poniendo adrede más fuerza en mi mirada y luchando porque los nervios no hagan escapar mis ojos de los tuyos. Tú tomas mi rostro con ambas manos y sonríes- ¿Qué?
Definitivamente, la manera en que me miras debiera ser penalizada por la ley, no es sano ¡y podrías llegar a causar un accidente! Pero aunque me muera de los nervios, ya no puedo evitar hundirme en el color chocolate de ellos. Mataría por saber qué estás pensando en estos minutos, hasta haría con una sonrisa millones de ejercicios de matemáticas. ¿Qué buscas en mis ojos o qué has encontrado en ellos que nos es imposible dejar de mirarnos? Lo único que sé por ahora es que soy tan afortunada de tenerte a mi lado, me parece una ridiculez no poder mirarte a los ojos y huir de lo que veo en ellos solo por estúpidas trabas del pasado. Siento que veo tu alma en ellos y es tan bella que… Me da miedo. ¿Seré la única que lo ha descubierto? No encuentro otra explicación, porque de otro modo, no te habrían dejado ir. Yo no quiero dejarte ir.
Contengo el aliento y abro levemente la boca, como para decirte lo que en este rato asalta la mente de Pinky, pero, como siempre, me arrepiento. De hecho vuelvo a evitar tus ojos, avergonzada de mis propios pensamientos y para sorpresa mía, hablas como si me hubieras leído el pensamiento.
- Tonta.
^^ Que linda
ResponderEliminarMe gusta como escribes, demaciado! el como hilas las cosas. Mucha influencia crepusculiana quizás xD!
Ñañañaña... necesito free time para que nos jutemos y cantemos mensamente por horas mientras nos grabamos xD
Momentos extrañables (:
Algún día será... espero que pronto ^^
Ps. Si en en concierto de McFly no colapsa mi celu, te llamaré... bueno, intentaré acordarme, ese hombre llamado danny jones tendrá toda mi atención puesta en él xD
iiiinflueeeenciaaa creeepusssculiaaanaa! xD
ResponderEliminar