Entonces me voy a ir lejos, bien alto. Ya no voy a escuchar las voces de mi cabeza ni voy a tener que decirle a los demás que todo está bien, voy a volar porque el aire no duele y porque en el cielo nadie es picado por zancudos: porque en el cielo no importa que hayas regalado la luz.
¡Qué lindo sería ser una estrella y que algún sentimiento se inspirara en mí!
Si fuera estrella, saldría de las primeras. Soy apurete para dar.
Lástima.
Porque en todas estas cosas, en tratar de explicar, no puedo volar.
Y da igual, a nadie le afecta, a nadie le sorprende una nueva estrella en el cielo, ni a mí.
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