Las cosas, desde hace un buen rato, eran distintas. El viaje en el metro también se sentía así, vacío... En el fondo, sabía porqué; las raíces extraídas de mi corazón ardían de la misma manera que aquel seis de junio, sólo que mi instinto masoquista convivía con el dolor a tal punto que temia pudrirme por dentro.
Cerré los ojos, tratando de dominarme, el flujo que tomaban mis pensamientos era algo que no podía permitirme estando sola. Exhalé pesadamente, ¿hacía cuánto que no lloraba?. Tenía que controlarme.
-- "Señores pasajeros, -habló la típica voz femenina grabada por el Metro de Santiago, que en esas circunstancias su amabilidad me parecía horrible.- estación Baquedano, lugar de combinación a línea cinco.."
Ya no me quedaba más aire que botar. Irónicamente, como decía la canción que iba escuchando de mi mp3, no me queda nada. Fruncí los labios y cuando inspiré de nuevo, sentí cómo si mi sangre se transformara en agua helada. Las rodillas se me doblaron, pero por suerte iba bien afirmada de unas de las paredes del tren.
Era ese olor. Su olor. Las manos me ardían de las ansias de tocarlo y de golpearlo hasta romperle la cara de manera que pudiera sonreir nunca más a la vez. Inspiré nuevamente, llenándome sádicamente de ese perfume; era esa antigua necesidad asfixiante, no obstante, nunca me había dolido tanto. No quería abrir los ojos, me sentía congelada y sabía que podría tener control sobre mi voz, mi cuerpo... Pero mis ojos eran otra cosa.
I wish I was the last thing on your mind before you went to sleep
Genial, fabuloso, la raja.
Sentí lástima por mí, como siempre. Si todo confabulaba para ser peor, no veía cómo iba a sobreponerme totalmente algún día. Volví a llenar mis pulmones de aire y la sorpresa de sentir la fragancia más cerca mío me hizo abrir los ojos abruptamente. El cuerpo se me volvió gelatina: no era él.
No era él.
No éra él.
Nunca iba a ser él. Nunca.
En ese mismo instante, fui conciente de derramar una sola lágrima frente a ese cuerpo desconocido que le había robado el aroma a mi concepto de amor. Miré mis zapatos, esa lágrima era todo lo que iba a tener, estaba seca. ¡Cómo me odiaba a mi misma! Era una estúpida, deseándole ahí. Él ya no era mío, sino que de ella, incluso antes de que yo me diera cuenta ya era de ella. Él ni sospecha, era lo mismo que ese muchacho, otro desconocido más.
Y yo lo sentía por todas partes, un dolor definitivo. Pero no podía serlo porque en ese caso, estos tres meses no tendrían sentido. Cerré los ojos mientras Kate Nash acababa con cualquier defensa a mi corazón. Dejé que doliera, como siempre. Apenas podía manejar la contradicción de amar y odiar al mismo tiempo.
Inhalé, inhalé infinitas veces.
-- "Estación Pedro de Valdivia"-el hombre se puso alerta y luego se bajó del tren. Lamenté no haberle quitado un poco de su olor antes. Sólo eso.
Se cerraron las puertas y desde ahí, todo ha sido absolutamente normal. También cierro los ojos al pasar por San José de la Estrella y camino sin ver por la universidad. Escucho Alicia Keys y no como nueces, la verdad es que nunca me gustaron.
Cierro todos mis sentidos a ti, mas no creas que no sé.
Sigo siendo yo, las mismas historias, pero seca.
Intrascendente.
Y todos los días duele, pero menos.
Siento que todos tus pasos los paso yo pero desfasado... Y me preocupa que sea así.
ResponderEliminarTe quiero, oye, y basta con eso de lástimas... Somos humanamente perfectos (:
En ese mismo instante, fui concinte de derramar una sola lágrima frente a ese cuerpo desconocido que le había robado el aroma a mi concepto de amor.
ResponderEliminarLamenté no haberle quitado un poco de su olor antes. Sólo eso.
No me vas a creer pero siempre que leo esto muero un poquito contigo.