¿Cuál era la palabra?
- A ver, ¿cuáles son las teorías? –comenzó. Llevaba varios minutos tratando de decir algo o escupirlo, más bien. No esperaba que se atormentara tanto por lo que ése dijo, ni tampoco que su reacción totalmente humana me pusiera ansioso.- ¿Qué me habrá querido decir? –sus cejas se juntaron, formando una extraña mueca- Si bien, siempre me he sentido rodeada por una aura rara, pura y tranquilizadora, eso no es más que mi conexión con la Hikari… ¿o no? –ahora frunció los labios, completando la exótica expresión- Ay, nunca entiendo nada…
Ahí está, la encontré: Adorable.
…
¿QUÉ?
No, Takeru. ¡Se objetivo! Siempre ha hecho las mismas muecas, no existe motivo alguno para que… Mierda. Mejor lo dejo pasar, que no me importe… Solo fue un desliz.
Llegamos a su casa. Son cerca de las cinco de la tarde y la niña está cansada. No saludó a nadie y se dirigió con una rapidez impresionante a su habitación. Eso, tengo que limitarme solo a describir todo, como siempre, como la rutina siempre me ha indicado.
La siento suspirar y echarse en su cama, resignándose. Supe en ese momento que ella tenía un conflicto similar al mío y que al igual que yo, lo iba a dejar correr.
- A lo mejor… -comenzó ella, haciendo alarde de lo cabezota que puede llegar a ser. El aire se le fue en un suspiro de nuevo. Inusual, pensé que se había rendido, pero ahora leo en sus ojos que ella intuye que en “esto” hay algo de vital importancia. En fin, no la cuestionaré, que se encierre en sus pensamientos y dudas.
Y así lo hizo hasta la hora de cenar, donde bajó y se reunió con sus padres. El ambiente en la mansión es silencioso y ya a las diez de la noche, la niña y yo estuvimos hechos un lío, internamente, en su pieza. Creo que con la maraña de ideas que la abruma, agradeció no tener que hacer los deberes escolares. Yo también me siento agitado, pero por lo menos ella puede escapar de todo metiéndose a la cama…
No me di cuenta de que Akiko dormía hasta una hora después.
Me siento en el borde de la cama, como es habitual, mirándola siempre, sin perderme algún movimiento. Hábitos. Creo que en un minuto mi vida tuvo sentido o quiero estar seguro de eso, pero eso ya me parece tan lejano que no sé cómo permití que todo se volviera tan monótono. Aquella furia que me produjo saber que yo no iba a ser más que un cobarde que se quedaría como espectador de una guerra que pensé sería mi vida ya es un vago recuerdo. Parece una broma tratar de evocar mi vida anterior, donde yo era el Elegido. ¿Qué hice para merecer esta condena? ¿Cómo dejo este purgatorio? Se supone que soy un ser iluminado por Dios, pero… ¿Dónde está la luz? ¿Qué clase de absurdo era esa profecía donde yo era el héroe?
Mis ojos se pierden, ella se mueve en sueños, pero la verdad es que no veo nada. Qué injusticia mas grande, esta niña no merece a alguien como yo como Guardián, un ser vacío, sin vida.
Señor, ¿me darías una mano? Una señal, solo una, no importa lo pequeña que sea. El sin sentido está enfermándome, muy humano de mi parte, pero… Oh, por Dios, solo necesito saber qué debo aprender de esto, qué tengo que hacer para “traer la paz”, qué debo sacrificar, qué significará…
Un momento. El ventanal. Se abrió.
Fue entonces cuando, después de quince años de silencio, oí nuevamente mi voz.
- ¿Quién mierda se atreve a entrar? –a pesar de la alarma y presión de un momento como aquel, no dejó de sorprenderme lo ronca que sonó mi voz luego de lo que para mí gusto fue una eternidad de silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario